Que el ratón se venga utilizando en miles de laboratorios de todo el mundo desde el siglo pasado hay que agradecérselo a Abbie E. C. Lathrop. Esta maestra retirada por una anemia perniciosa montó, en 1900, una pequeña tienda de mascotas con ratones. Tras vender 200 o 300 roedores, pesó que este negocio había llegado a su fin ya que las crías serían suficientes para abastecer a una generación entera de jóvenes. Pero su sorpresa fue cuando empezó a recibir pedidos de cientos de laboratorios de investigación de Estados Unidos. Su cercanía al Instituto Bussey de Boston fue clave en la expansión de estos pedidos. Desde entonces, el ratón ha sido el animal de excelencia en biomedicina. Es un modelo barato, con un ciclo vital corto que facilita los estudios biomédicos. La explosión de su uso se dio en los años 80 cuando se empezó a modificar su ADN. Los investigadores han podido quitar o añadir genes para reproducir mutaciones del genoma humano vinculadas a enfermedades. Un proyecto mundial pretende ahora generar un catálogo de unos 20.000-25.000 ratones, cada uno con una mutación en cada gen humano.
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